...su obra

Prólogo a:

"La noche que Gilda bailó sin guantes"

 

Put the Blame on Mame

 

En 1946 Rita Haiworth desnudaba los brazos a Gilda, incendiando pazguatos libidos y pacatas iras. En cada centímetro de casta piel que aquellos sensuales guantes descubrían, las mujeres de la época podían leer con claridad, un mensaje de liberación del yugo patriarcal, una rotunda y hermosa reivindicación: soy mujer, estoy aquí y afirmo y disfruto mi sexualidad, mi identidad y libertad. Pero no quedaría así, ya que durante el mismo metraje, tal herejía sería vengada por el macho, con la bofetada más famosa del celuloide. Entonces las cosas eran de otro modo: se celebraba más el maltrato disfrazado de glamour, que el feminismo del gesto al que, por si acaso, cubrieron de nimiedad erótico-festiva.

 

La semilla ya estaba plantada, aunque en muchos casos, no germinó.

En La noche que Gilda bailó sin guantes Mª Ángeles García Carranza quien desnuda, como aquellos brazos pintados de glorioso blanco y negro, su corazón, alma y entrañas, al mismo tiempo que se reserva, la facultad de ser ella quien aseste la contundente y necesaria bofetada poética. Ella sabe que no existe golpe más deliciosamente letal que el verso. Más si cabe, cuando está cincelado con la arrolladora calidad que la autora atesora.

 

La noche en que Mª Ángeles me arrojó su bello guante en forma de invitación, para que le firmara el prólogo del que iba a ser su primer libro de poemas, no lo dudé y acepté de inmediato, honrado y emocionado. Al día siguiente llegaría el miedo escénico, la sensación encontrada de temer que se arrepintiera y, desear que hubiera cambiado de parecer, ya que no sabía por dónde empezar, ante la enormidad de los poemas que nos ocupan.

 

Si han tenido la desdicha de leer algo mío, tal vez se extrañen por las supuestas antípodas de mi poesía con respecto a la de Mª Ángeles, pero ¿acaso no clama la misma escritora “Dejad a los poetas”? Nuestros estilos son muy distintos. Sin embargo, a los dos nos une el amor a la poesía, las emociones y la honestidad.

 

Me gusta la poesía de Mª Ángeles Carranza porque tiene hierro y seda, me gustan (y mucho) sus “me gusta”, me gusta su manera de “Abrazarse a la vida”, para vivirla a su manera, de mantener vivo el mensaje de Gilda: “Soy mujer”. Porque este libro está escrito por una mujer con el coraje de ser y decir, con la valentía de ser pantera del verso, turgente e incendiado de carga erótica y con el coraje que se necesita también, para contar la felicidad ilusionada con que los semáforos se dedican sonrisas en “No lo puedo explicar” y explicarlo todo en el poema. Me gusta la poesía de Mª Ángeles García Carranza, capaz de cantar al amor en estrofas de corte machadiano o de narrar el horror de la violencia machista, en poemos tan demoledores y excelsamente escritos como “Puta”, o el corte social de ritmo impecablemente musical en “Malavida”. Mª Ángeles es la madre, la amiga, la amante, la esposa, la rota, la ilusionada, la indignada. Puede ser cualquiera de todas las mujeres sobre las que escribe en algún momento, pero lo que nunca deja de ser, es la poeta.

 

Su lenguaje es de impoluta claridad, moderno y asequible que bebe de las fuentes clásicas sin caer jamás en la impostura o el engolamiento. En estos verso que espero estén ya deseando paladear, encontrarán a una mujer que les habla de tú a tú, de mujer a persona y viceversa. Que vuelca sublimemente sobre el tapete del papel su alma escrita, dicha con una honestidad inusitada y que eleva cada palabra, hasta los confines e la emoción.

 

NO quiero extenderme más. Detesto los prólogos en donde el prologuista, parece querer robar a codazos el protagonismo del autor. Si han llegado hasta aquí y no se han saltado estos párrafos, ansiosos por devorar, como se merecen los maravillosos poemas de Mª Ángeles, seguramente haya fracasado en mi cometido.

 

Solo me queda regresar al principio, al momento de esa bofetada que les dije que la poeta se guardaba. En La noche que Gilda bailó sin guantes, la autora también se quita el suyo, aunque en este caso, es ella la que da la bofetada, al hablar sobre todo lo que una mujer, no puede ni debe hablar y menos aún, debe escribir.

 

Esta obra es la magnífica y soberbia bofetada que la autora da a la hipocresía y los prejuicios del mundo literario, que aún en nuestros días hay con respecto a las mujeres escritoras.

 

Y yo amiga mía, brindo por ello y lo celebro agradecido.

 

Pasen y lean a Mª Ángeles Gracía Carranza, una poeta enamorada de la poesía, cuya poesía les enamorará. Cien por cien garantizado.

 

Javier Vayá Albert

  • LA NOCHE QUE GILDA BAILÓ SIN GUANTES

    POR ENTONCES

    Por entonces,
    detrás de tu pelo estaba el día
    y detrás del día, la madreselva,
    el olivo, el agua clara,
    el musgo y el espliego.

    Y todos los sueños que teníamos.

    Y detrás de tu piel
    había una noche,
    una luna en tu espalda,
    un universo entero,
    un silencio sentido,
    tan inmenso.

    Los versos
    que guardabas en la boca,
    en la mirada,
    los que escribías
    en las puntas de una estrella,
    los que ocultabas en el alma
    y las caricias,
    que al igual que la vida,
    ya empezaban.
    Te amaba y todo era tan tierno,
    como pan amasado
    con harina de flores,
    como brote temprano
    de besos y amores.

    Como nosotros,
    que también éramos tan jóvenes.

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