...su obra

 

 

Ana Pérez Cañamares (1968) nació en Santa Cruz de Tenerife y vive en Madrid. Algunos de sus cuentos han aparecido en antologías como Por favor sea breve (Páginas de Espuma,), Mujeres cuentistas (Baile del Sol), Beatitud. Visiones de la Beat Generation (Baladí) o Al otro lado del espejo. Narrando contracorriente (Escalera), entre otras. También colabora con sus poemas en las antologías Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (Random House Mondadori), 23 Pandoras. Poesía alternativa española (Baile del Sol), La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Bartleby ), Mujeres en su tinta. Poetas españolas del S. XXI (A Fortiori), etc., así como en distintas revistas impresas y digitales.
En el año 2007 publicó su primer libro de poemas, La alambrada de mi boca (Baile del Sol), cuya segunda edición apareció en el 2009. En la misma editorial se reeditó su libro de relatos En días idénticos a nubes, y publicó su segundo poemario, Alfabeto de cicatrices (segunda edición, 2013). En 2012 vio la luz Entre paréntesis (Casi cien haikus), con la editorial La Baragaña y en 2013 Las sumas y los restos, “V Premio de Poesía Blas de Otero- Villa de Bilbao 2012”, publicado por la editorial Devenir.

 Infornación de : El alma disponible (Blog)

 

También:

 

Economía de guerra

Ana Pérez Cañamares

Ediciones Lupercalia, 2014

 

 Ley de conservación del momento

 Ana Pérez Cañamares
 Ediciones de la Isla de Siltolá
AFORISMOS, nº 10
Sevilla, abril 2016.

 

 En 2016 gana el XVI Premio de Poesía "Vicente Nuñez" 

 

  • LA ALAMBRADA EN MI BOCA



    GENERACIONES


    Antes de morir, mi madre dijo mamá, ven
    mientras me miraba sin verme;
    yo dije mamá, quédate
    abrazando su cuerpo diminuto
    envuelto en pañales y olor a talco;
    mi hija dijo mamá, no llores
    y me acarició la cabeza consolándome.
    Cuando mama murió, durante unos segundos
    no tuvimos muy claros los lazos que nos unían
    no supimos quién se había ido
    y quién se había quedado
    ni en qué momento de nuestras vidas
    estábamos viviendo
    o muriendo.

  • ALFABETO DE CICATRICES



    LOS ÁRBOLES


    Somos inocentes, gritan los pinos
    Adam Zagajewski

    El autobús que nos lleva al metro
    pasa en su trayecto por un parque.
    A cada lado de la carretera
    nos escolta una fila de árboles
    que cada día asisten a la misma escena:
    mi hija desayunando las galletas
    yo viendo con la misma tristeza
    cómo mi hija desayuna
    frente a extraños, en un autobús.

    Giro la cabeza y ahí están,
    los árboles. Tristes y dignos
    como profesores prejubilados
    que han de callarse lo que saben.
    No conozco sus nombres
    ni cómo se llaman los viajeros
    con los que coincido cada día.
    Sólo sé que los árboles
    con su tronco negro por el humo
    me están susurrando:
    nuestro sitio no es éste.


  • ENTRE PARÉNTESIS

    Abrazo al árbol.
    Y le pido disculpas
    por ser su jaula

  • LAS SUMAS Y LOS RESTOS



    Despierta cada día con orgullo
    por haberte traído hasta aquí.
    Pero para viajar más allá del espejo
    arrepiéntete. Arrepiéntete.

    Antes de salir al mundo, levanta
    un memorial a los ahogador.
    Sus cuerpos son los escalones
    que te llevan hasta la calle.

  • ECONOMÍA DE GUERRA

    Ganáis habéis ganado

    este día en que la derrota me apartó del amigo

    no nos reímos juntos

    de vuestra desnudez sin trazas de infancia

    mi cena fue el esparto de las voces

    que dictan estribillos sin música

    a mi presente lo cambié por vuestra actualidad

    cuando miré a mi hombre vi la belleza

    desmembrada del esclavo

    preparé el lunes como un entierro

    me amortajé para el trabajo sin sudor ni fruto

    con engaños saqué a mi hija del incierto bosque

    y allí justo donde comienza la senda

    que dibuja la costumbre trasegada

    justo allí la sacrifiqué.



    Habéis ganado ganasteis

    hoy me tragué vuestro futuro

    como un jarabe malo.




  • LEY DE CONSERVACIÓN DEL MOMENTO

    El reloj interno que te despìerta a las siete del sábado es
    el capitalismo hecho entraña.

...en prosa

"Adolescente fui, en días idénticos a nubes…"

Donde habite el olvido, Luis Cernuda


Hay pocos versos más acertados en la historia de la literatura, más eficaces y certeros, porque definen como un dardo conceptos escurridizos. Ana Pérez Cañamares aprovecha una parte del verso, la que define, para dar título a este conjunto de lienzos, de duración corta en general, donde caracteres enormemente atractivos actúan en situaciones cotidianas. Y sin embargo, consigue que dichas situaciones revistan un trasfondo simbólico y nos transporten a momentos de nuestra propia vida que podríamos recordar mucho tiempo después de haber cumplido los ochenta años, en los que los días eran idénticos a nubes pasajeras, nubes que se sucedían sin descanso, como si jamás fueran a dar a un fin, porque durante la infancia –y adolescencia- uno aún tiene la impresión de que va a vivir para siempre.

Asistimos a escenas llenas de vida y de inocencia, de amor o frustración o incomprensión o un comienzo de comprensión de cosas que antes resultaban remotas, desconocidas e inasibles. Y es en la mesura, en la maestría narrativa, en una deleitable ingenuidad, donde los cuentos de este libro me recuerdan al mejor Chéjov. Por su virtuosismo en aparentar no decir nada diciéndolo todo, por su sencillez, por sus destellos de humor suave y bien templado. Por su cotidianidad, por su genio.

En mi opinión, los personajes infantiles o adolescentes se resisten a ser modelados, pues aún no se han forjado del todo, están, por así decirlo, a medio hacer en muchos aspectos, y se caracterizan por una indefinición, un vacío de experiencia, un ansia por encontrar la identidad que no ayuda demasiado a la hora de crear personajes con fuerza y autonomía. Sin embargo, si se sabe poner el acento en la forma en que se busca esa identidad, en la energía que desprenden y su práctica carencia de prejuicios, se pueden llegar a trazar las líneas de personajes poderosos, al igual que los mejores realistas del XIX, por ejemplo Dickens con esos niños tan auténticos de Oliver TwistDavid Copperfield o Grandes esperanzas.

Quizás también me recuerde a Carver, por supuesto, porque casi nadie ha sabido como él poner un corazón latiendo sobre una mesa, un corazón humano despojado del resto del cuerpo, reducido a su esencia, a su sentir primordial y definitivo, en situaciones del día a día, y hacernos sufrir o alegrarnos o compadecernos o madurar con las vivencias de otros. Como cuando, en «Caballos en la niebla», la mujer y el hombre se pelean con la certeza de que su matrimonio se ha ido a pique y nada será capaz de remediarlo. Y esos caballos en la niebla, esos caballos que surgen de la nada, como apariciones fantasmales o símbolos lorquianos de un destino de lo menos trágico, convierten sus problemas en detalles de un mundo lejano, al lado de aquella visión, de los caballos perdidos en la niebla pastando mansamente a la puerta de la casa de campo, agitando crines y cabezas peludas en tanto que devoran con meticulosidad los brotes tiernos de la hierba en medio de la noche. Algo así es el celofán del personaje Mario, de ese niño que superpone tiras de colores a una televisión para que John Wayne cabalgue sobre el arco iris. Algo así como caballos en la niebla que perfuman con su naturaleza de sueño el blanco y negro de la realidad cotidiana. Doy gracias a la autora, Ana Pérez Cañamares, por haber escrito esta maravilla.

Por Miguel Ángel Mala

 

Extraído de...factorcrítico.es