Bio

 

Mi nombre es Emma. Mi madre siempre dice que me lo puso porque leyó Madame Bovary estando embarazada, pero no sé si es del todo cierto o lo dice porque sabe que a mí me gustaría que hubiera sido así. Lo que sí es verdad es que me salvé por los pelos, o por Flaubert, de ser la quinta Mercedes de la familia.
 

Empecé a leer yo sola, sin que nadie me hubiera enseñado, a los cuatro años. Eso dice mi madre, pero yo no lo creo.

 

Y empecé a escribir cuando iba al colegio. Tanto las monjas como mis abuelas decían que lo hacía muy bien, y lloraban cuando leían mis cuentos. Me presentaba a todos los concursos literarios de los que tenía noticia, y mi madre dice que gané algunos; pero yo ya no lo recuerdo.

 

Ahora soy profesora de literatura. Estoy casada. He tenido dos hijos. He plantado varios árboles. *Jamás he escrito un libro.

 

Mi madre cree que soy feliz. Pero yo creo que es mentira.

 

-"Las afinidades afectivas"- (blogspot)

 

*La entrada se escribió antes de editarse "La mujer que tengo más a mano"  (Edi. Canalla)

  • PREPARADA PARA SALIR

    Estabas harta. Harta
    de sentirte sola,
    confusa,
    abandonada.

    Ya está bien. Se acabó.

    Te pusiste
    la minifalda más corta
    los tacones más altos
    y la chaqueta roja
    y decidiste
    comerte el mundo,
    comerte la noche,
    dejarte comer.

    Saliste a la calle y entonces
    ocurrió.

    Un viejo borracho
    se acercó
    mucho a ti y quiso
    manosearte
    mientras te echaba en la cara
    su aliento a vino.
    Sentiste
    unas ganas inmensas de vomitar.


    Y es que los lobos
    ya no son lo que eran,
    Caperucita.

  • POETAS

    Cuando yo era joven,
    los poetas eran seres superiores
    y los adoraba
    como a dioses.
    Recuerdo que asistía
    a conferencias y recitales,
    siempre desde la última fila,
    y jamás me atreví
    a acercarme a ninguno
    ni a pedirle que me firmase
    un libro.
    En una ocasión
    alguien se empeñó
    en presentarme a Benedetti
    tras una charla.
    Él cogió mi mano
    (no la estrechó,
    la cogió entre las suyas)
    y dijo
    “qué nombre tan lindo tenés”.
    Creo que fue la primera vez
    que me enamoré.
    Ahora…
    Resulta que muchos de ellos
    son más jóvenes que yo,
    y aunque no lo sean:
    son inseguros,
    fanfarrones,
    cascarrabias,
    mentirosos,
    débiles,
    tienen mujer e hijos
    o novios
    o prejuicios.
    Tienen madre,
    una casa en el pueblo,
    beben,
    se tiran pedos…
    Sospecho,
    incluso,
    que alguno
    es de derechas.
    Son humanos.
    Todavía
    los adoro.